domingo, 16 de abril de 2017

Por qué quiero dedicarme a la salud mental

Desde prácticamente inicios de este mes de abril, he escrito una frase en mi agenda que utilizo diariamente, dice así:

"Hoy es el primer día del resto de mi vida".


Sencillamente, es así. He decidido empezar de nuevo. Esta vez partiendo desde cero. Olvidando todo lo malo del pasado. Desechando todas las malas experiencias que deseo queden atrás. Que mi mirada al pasado sea solo para aprender de los errores que cometí y tomar nota de aquí a medio y largo plazo. Es por ello por lo que he decidido replantearme ciertos aspectos de mi vida, como qué voy a hacer con ella, hacia dónde voy a dirigir mis fuerzas en cuanto a estudiante que soy. Y es, por ello, por lo que me he decidido a escribir esta entrada.


Hace un tiempo entré en contacto con el mundo de la Psiquiatría y la Psicología Clínica y, a día de hoy, se han convertido en dos de mis grandes pasiones. El hecho de que un fármaco puede remitir parcial o totalmente síntomas como el delirio o una alucinación me hace plantearme lo poderosas que son estas disciplinas; el cómo la Terapia Cognitivo-Conductual hace que, lentamente, tu capacidad de pensamiento y raciocinio mental se vaya moldeando y rehabituando a nuevas perspectivas y enfoques de las cosas que a uno le preocupan y el trabajo de estas ciencias con respecto a las emociones del ser humano, me hace valorar lo diferente que se le puede ayudar a una persona enferma por un problema de salud mental con respecto al resto de áreas de la medicina. Y en base a esto, creo que la humanidad es la cualidad fundamental para ser médico.

A partir de este momento, emplearé y encaminaré todas mis fuerzas hacia esta maravillosa profesión que es la medicina, y si tengo la dicha de poder terminar la carrera y obtener una nota adecuada en el examen MIR, dedicarme a ayudar a las personas aquejadas de problemas de salud mental, desde el campo de la Psiquiatría. Opino que esta disciplina está muy centrada en el tema farmacológico y me gustaría ser un psiquiatra que ayudase a sus pacientes desde una visión también psicológica, colaboradora y empática.


Creo que los profesionales de la salud con los que he tratado a lo largo de la carrera y, en particular, en el campo de la salud mental esto se ve reflejado de qué manera, todos éstos tienen un valor añadido por encima de los demás, y es visible si eres un poco observador: el vivir por y para su profesión.

Las fotos que muestro en esta entrada pertenecen al dispositivo de la Unidad de Rehabilitación de Salud Mental de mi ciudad, donde tuve el placer de acudir como estudiante. El trato fue muy bueno y la experiencia de acercarme a los campos de la Psiquiatría y la Psicología Clínica fue verdaderamente apasionante.

No sé dónde acabaré, cuál será mi destino y ni siquiera si llegaré a donde deseo, pero éste es mi sueño y, desde este mes de abril de 2017, me dirijo hacia él en paso firme.

sábado, 15 de abril de 2017

Últimos días de invierno en Granada

Para inspirarme en escribir esta entrada, citaré unos párrafos del libro Memphis-Lisboa, de la autora Elvira Lindo:


"Me gusta espiar al hombre que quiero. Observar cómo trabaja, cómo se abstrae del mundo y de mí, sentir que está habitando un universo ajeno al mío. Su ensimismamiento lo hace más atractivo a mis ojos.


En el invierno de 2014, tan duro que no invitaba a salir a la calle, hubo muchas tardes como ésta. Él estaba abducido por una historia que había rumiado meses antes, en Lisboa, y pasaba gran parte del día leyendo sobre un asesino, James Earl Ray, y su víctima, Martin Luther King."

Los días 3, 4 y 5 de marzo del presente año he vivido mis "últimos días de invierno en Granada". Días en los que la lluvia, el cielo gris, el frío, el viento y demás fenómenos meteorológicos invitaban a quedarse en el hotel en lugar de salir a la calle, a la aventura, a contemplar la belleza de una ciudad soñada que ha sido y es eterna. Días que quedarán en mi recuerdo porque, aunque vuelva a esa ciudad en el futuro, ya nada será igual. He vivido durante muchos años con un sentimiento de esperanza, de quietud en la que subyacía un anhelo de un proyecto futuro, de emociones contrapuestas en el que por un lado mi parte más soñadora me decía "espera" y la parte más racional de mí me afirmaba que aquello era solo un "sueño delirante". Además, ese vínculo se fortalecía por mi estrecha relación con la música, las letras, la poesía, el "deseo, cariño, mirada desnuda..." y un largo etcétera que, hace años, me hicieron sentirme el hombre más querido e ilusionado del mundo. Pasó el tiempo y aquellas palabras se esfumaron. Escribo este texto con total libertad a través de este blog ya que es el único medio de expresión en el que me siento, total o parcialmente, libre en cuanto a contenido y forma. 

Así me he sentido estos días allí. Abducido, todos estos años, por un sentimiento que había rumiado meses atrás, antes de producirse todo el caos en que, a continuación, me vi sometido. Atrapado en una idea que no era más que algo delirante en cuanto a su temática. Por muchos momentos, he llegado a sentir que tal pensamiento se me escapaba de las manos como aquel niño que alcanza una ola, cuando ésta viene a morir a la orilla del mar. Solo deseo que toda esa etapa quede atrás. Ya nada de eso cabe en esta vida, que es más firme, serena, tangible, realista y con una idea que extraigo de que hay veces que ciertos aspectos de la vida de uno tienen que ponerse muy mal para, poner "pies en pared", cuestionarse ciertas cosas, asumirlas, querer cambiar, tener el propósito de ello y, por fin, materializar la vida que, en realidad, siempre soñé.  

Fuera, en esta ciudad, me aguardan un sueño y una historia de amor que quizás contar. 
Una y otra vez, me voy como he venido. No me detendré ni un segundo más en esa calle a esperar que suplique por lo mismo.