sábado, 2 de enero de 2016

Trabajos, de Pedro Antonio Pérez Hinojosa

Prólogo de "Trabajos", de Pedro Antonio Pérez Hinojosa, del XVII Certamen Internacional de Poesía de 1995 "Arcipreste de Hita" de Alcalá La Real, Jaén.

Dicen que no está de moda la poesía, que los géneros de fin del milenio son la novela y el ensayo. Me resisto a creerlo y menos ante el poder de convocatoria de los Premios Arcipreste de Hita entre tantos jóvenes que aspiran a engrosar sus listas.

Pedro Antonio es un ejemplo: su sensibilidad se extiende por diversos ámbitos: la música, la poesía... Los estudia, los asimila, se entrega a ellos. Hace algunos años era un tímido adolescente que contactaba con la poesía a través del excelso "Cántico Espiritual" de San Juan de la Cruz. Hoy aquel primer acercamiento ha fructificado en su éxito en el Certamen del Arcipreste de Hita.

Hablemos de su poemario: un trabajo joven pero no inmaduro donde se conjugan hábilmente las notas populares con las sutilezas estilísticas de los grandes maestros. Su lengua es sencilla pero, como deseaba Fray Luis, se expresa "con claridad y armonía". No desecha ritmos ni estilos y bebe (como han hecho tantos geniales poetas andaluces) en toda fuente que le haga sentir.

¿Quién no rastrea en su alusión a la pena el brioso soneto de Miguel Hernández "Umbrío por la pena..."? ¿Quién no reconoce sentires nerudianos en sus versos de amor doliente? ¿A quién le extraña intuir formas lorquianas en muchas de sus imágenes? ¿Cómo no encontrar en un poeta de hoy elementos de Gerardo Diego, Aleixandre, Juan Ramón...?

"Nada nuevo bajo el sol" recita una tablilla sumerio-acadia datada 2000 a. C. No lo pretende Pedro Antonio, sólo plasmar esa "honda palpación del espíritu" que decía Machado era la poesía, pero la "natural, breve y seca, que brota del alma como una chispa eléctrica", según leemos en Bécquer, desde una visión personal, recreada en el momento presente.

¿Y qué temática ha elegido? El amor y la amistad. Si buceamos en el contenido de los poemas de nuestro primer maestro Garcilaso de la Vega es ese y sólo ese: AMOR y AMISTAD, ya que encierran todo un mundo de vivencias esenciales ¿necesitamos más?

En cuanto a la forma, Pedro Antonio se decide por la versolibrismo pero sin desdeñar ritmos ni rimas para que la belleza aflore con sencillez y eficacia de cada una de sus líneas: enumeraciones, paralelismos fruto de su lectura de la lírica tradicional, del romancero. Metonimias, metáforas, símiles, hipérbatos, hermosas prosopopeyas, modernas sinestesias, epítetos; hábiles repeticiones en anáforas, anadiplosis...., cultismos, alipsis... Nada falta, nada sobra.

Recojamos algunos de sus textos de amor

Del silencio nos dice:
"es este silencio que, como una red,
te caza, te prende y te tiene perdido..."
Del deseo manifiesta con plásticas imágenes:
"Las manos dibujan nuestros cuerpos,
mi boca se pierde entre su piel..."
Al hablar de la constancia compone una sinfonía en varios tiempos que se inicia:
"El caer de la tarde en mil pedazos
de azules lágrimas de cielo..."
Finalmente sobre la amistad piensa:
"Deseo, cariño, mirada desnuda:
cobijan sus brazos la tristeza ajena..."
Con la edición de estos versos podemos aproximarnos a la obra de un prometedor poeta y volver a enamorarnos de la belleza que es capaz de liberar la poesía.
¡Felicidades, Pedro Antonio!
María Dolores Bernardos Benique

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